Recuerdos de la Infancia – Por Mario Andreani

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Supongo que era niño, quizás ni siquiera adolecente, como tantas otras ocasiones conversaba con mi abuela materna, doña Florinda Salomón, la persona más noble y hermosa que conocí en mi vida, simple, sencilla, casi como un personaje extraído de un cuento de García Márquez, puro realismo mágico, un nuevo nieto llegaba a la familia y mi inocente pregunta fue, que preferís abuela nena o varón ?, en esos tiempos el sexo del recién nacido solo se develaba con el nacimiento, su respuesta fue repetitiva, la misma de siempre “varón”, mi repregunta también inocente fue, porque siempre preferís varón ?, nunca olvide su respuesta, casi una postal de época, “porque las mujeres sufren mucho Marito”, con esa sencillez, con esa ternura que nos trataba a todos por igual sea nena o nene, en su enorme sensibilidad realizaba un categórico diagnóstico de época.

Florinda había nacido en Embarcación, una entre ocho hermanos de un matrimonio árabe que se lanzó a hacer la américa, la mayor, única nacida en el pago como ellos decían, había sido retenida por la madre de María (para que vuelvas le dijo), así se llamaba la mamá de Florinda, nunca pudieron volver, María nunca más vio a su hija, solo se supo, según el relato familiar que había fallecido jovencita.

Volviendo a Florinda, todavía casi niña quince años, cada vez que había que ir al almacén, atendido por don Fortunato Camú, corría para alzar la bolsa e ir ella, suficiente para interpretar, algún supuesto interés por el paisano Fortunato que casi la doblaba en edad, de ahí al pedido de mano y el casamiento solo fue un breve trecho, la abuela Florinda me explico que no había ningún interés, ni siquiera tenía imaginación para pensar en ello , toda su motivación eran los caramelos que Fortunato le daba de yapa, no obstante fue un buen marido, buen padre, buen abuelo, pero como decía Florinda “Marito yo no sé qué es eso del amor”.

Esta introducción familiar marca como el patriarcado está inserto en la sociedad como un elemento cultural, no es una tarea sencilla modificar esquemas, lenguajes que denotan claramente que recibimos como información durante toda la vida y actuamos según esa información, sectores de la sociedad a los cuales se les confía desde la niñez la formación de las personas son parte de ese esquema, el ejemplo más determinante es la iglesia, Dios es hombre, Jesús es hombre, el Papa es varoncito, los Cardenales también, las monjas no pueden dar misas, no hay monseñoras, la falda corta, la falda larga, por ello no sorprende que un porcentaje muy alto de mujeres resistan el cambio, más allá que eso sea resistir lo inevitable, hay una información cultural deformada que invierte los roles de víctimas y victimarios.

Para tratar de entender lo que está pasando quizás sirva buscar hechos comparativos y obviamente sin hacer un paralelismo literal, se me vino a la mente la esclavitud, aunque parezca irreal aún hoy no se logró revertir de manera general en determinadas personas que el color de piel sea un factor de diferenciación social, las leyes por si solas no logran los cambios culturales, son necesarias, imprescindibles, porque establecen el marco de convivencia social, pero el cambio de los estamentos arcaicos solo se logra en la calle, en la lucha diaria, en no dejar pasar una, el cambio es revolucionario muchas veces difícil de entender y obviamente se convive con errores, excesos, inclusive injusticias si se quiere, la dimensión es de tal magnitud que la pulcritud artesanal no tiene lugar.

Es necesario entender que en este cambio los hombres lo miramos de afuera, podemos acompañar, simpatizar pero en el colectivo solo van ellas, no hay asientos disponibles, causa gracia ver a maltratadores seriales de la farándula nacional, pretender subirse al bondi, no hay lugar, el cambio primero es de ellas, solo así cambiaremos nosotros.
Soy el papá de Gisela, militante comprometida, venció prejuicios, logro ser ella misma, su propia identidad, voy a ser el abuelo de Sara, deseo el cambio, no es fácil, el camino esta iniciado, seguramente ellas y solo ellas bajaran por sierra maestra.

Columnista
Mario Andreani
“Recuerdos de la Infancia”
 

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