Platero y Yo – Por Mario Andreani

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Quien no recuerda ese libro como lectura casi obligatoria de nuestra infancia, si bien Don Juan Ramón Jiménez siempre aclaro que no era un libro para niños, el imaginario colectivo lo sitúa en el género infantil, esta obra fue fundamento para su premio Nobel de 1.956.

La idea es siempre tratar de facilitar el concepto de lo que uno pretende expresar y en este caso me pareció que cierta correlación podía aplicarse en un ámbito hoy en el centro de escena de nuestra vida cotidiana. El concejo deliberante de Tartagal, claramente no es una cosa de niños, de hecho está pensado casi como el ordenador de la vida institucional de una ciudad, pero años tras año, conformación tras conformación parece una tarea imposible que pueda superar la pubertad.

Permanentemente como sociedad observamos el cuerpo deliberativo, y parecemos no agotar nuestra capacidad de sorpresa, ahora parece una misión imposible que revisemos desde nuestro lugar en la sociedad (elector) el nivel de responsabilidad que nos cabe en la situación, en vez de ocupar el lugar de observador como si se tratara de un hecho ajeno a nosotros mismos, que solo nos compete desde una butaca imaginaria como espectador teatral como si no pagáramos la entrada (voto).

Una lógica muy recurrente nos dice que si todos los días recorremos el mismo camino siempre llegamos al mismo lugar, eso vale tanto para la clase política como para la sociedad, sin embargo en los últimos tiempos existió un partido impulsado por los jóvenes que logró desde el cambio revertir esa situación y paso de la inexistencia representativa a una consideración que hoy lo ubica como alternativa de poder en la ciudad.

En el renacimiento de la democracia si había algo notorio era que la gente tenía claro que partido votaba, la lista 2 era el PJ y la 3 la UCR, cada partido discurría sus diferencias en una interna y la sociedad recibía una lista única, la necesidad de trampear el sistema llevo luego a que no supiéramos donde podía terminar nuestro sufragio (ley de lemas) y hoy las elecciones terminan resolviéndose en las famosas colectoras, cada candidato tiene 10 listas, no importa que, ni quien, sino que sume (el fin justifica los medios).

La UCR (Tartagal), desafió esa lógica, lista única, compacta, mensaje univoco, diferencias para adentro, mensaje claro para afuera y mal no le fue, casi como un retorno a la esencia, obvio que es un hecho aislado en nuestra ciudad, lo logro en la fase más humillante y vergonzante del partido a nivel nacional, despojado de su identidad y probablemente empeñando su futuro aún más que en la época de la alianza al abrazar un programa económico que no difiere mucho con el que se aplicó en la dictadura.

Los partidos políticos tienen que sentir la demanda de los votantes, la exigencia, quienes simpatizan por el oficialismo local seguramente habrán asistidos azorados y avergonzados al ver como el miembro informante del radicalismo vapuleo sin matices al presidente del cuerpo, quien ni siquiera atino a una respuesta, como si la política hubiera trocado de su natural expresividad al oscurantismo del silencio (nada inocente por cierto).

Por ello la sociedad debe entender el valor de su sufragio y ponderar su elección, los políticos que realmente detentan el poder, más allá de haber leído o no a Don Juan Ramón Jiménez y su obra cumbre “Platero y yo”, siempre demostraron que le sienta más cómodo el burro adelante.

Mario Oscar Andreani

Nota: Juan Ramón Jiménez fue una de las letras más brillantes de habla hispana que en la guerra civil española apoyó la república, se opuso al franquismo y murió fuera de su patria.

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