Discutir un proyecto de ley con la intención de aportar claridad y justicia sobre aspectos de la sexualidad tiene siempre, para esa intención, la visión reaccionaria ante una nueva forma de matrimonio civil, sobre todo, en un país que tiene arraigada la vieja costumbre de no escuchar voces que dicen otras cosas.
Por eso, este debate debe ser tomado como un aprendizaje y, para ello, se hace necesario dejarse iluminar por la tolerancia y por la caridad y buscar como decía San Agustín "la verdad en el interior de cada uno", desde la propia subjetividad y avanzar en esa búsqueda hacia un diálogo que tenga presente la preocupación por los demás hoy desprotegidos por la ley, al margen de la ley.
Escuché al obispo de la diócesis hablar de la razonabilidad en el debate; leí un comentario del procurador Gustavo Cardozo sobre la necesidad de hacerlo sin agravios. Y es necesario que así sea porque está en juego el desarrollo de la sociedad humana y, solo la razonabilidad, puede reducir posturas rígidas, desde la comprensión en lugar de la exacerbación, desde la experiencia subjetiva en lugar de lo dogmático, desde lo integrativo en lugar de lo separativo.
Pensar con razonabilidad, como pide el obispo, "ama y haz lo que quieras" como dice San Agustín son los marcos para una discusión con argumentos escuchando al otro como un nosotros hasta encontrar ese otro en la propia subjetividad. Una discusión que avance en reconocimiento de derechos, removiendo obstáculos, derribando muros para favorecer la autorrealización de la persona para que esa elección deje de portar estigmas.
Tolerancia y caridad para el crecimiento social en una avance hacia una dimensión espiritual donde esté "todo dentro de la ley y nada fuera de la ley".
El filósofo Gianni Vattimo dice que "el cristianismo puede iluminar su carga moral en favor de una caridad práctica- moral" y que para ello, "hay que avanzar junto a otros credos en la dimensión espiritual de la vida" y, desde ese conjunto "hacer concesiones en muchos aspectos". Y cierra el pensamiento diciendo: "el futuro del cristianismo es el convertirse en una religión de puro amor."
Sólo así no hay condena.
El choque de uno contra el otro es lo condenable como si cada parte fuese dueño de la verdad a ultranza.
El pedido del obispo, los dichos de San Agustín, el deseo del procurador Cardozo, el pensamiento de Vattimo debe dar fruto en un debate tolerable y caritativo, fuera de todo fanatismo, sectarismo y dogma en estos tiempos tan secularizados.
Nada es peor para este debate que encerrarse en el dogmatismo por su condición egoísta e intolerable.
Tolerancia y caridad. Sólo desde esos lugares surge el amor y el respeto, las condiciones posibles para una sociedad con principios morales en su condición humana.
Sea bienvenida una ley llevada por la senda de una convivencia signada por la solidaridad y la empatía. controlando las tendencias que soplan malos vientos sobre la armonía humana.-