GEMELOS – POR MARIO ANDREANI

GEMELOS – POR MARIO ANDREANI

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Seguramente usted ha escuchado muchas veces decir “La política es el arte de lo posible”, esta expresión en vista de las experiencias que tenemos puede tener una interpretación ambigua, hacer posible realidades positivas para la sociedad (de eso se trata la política), o utilizar los mecanismos de poder para obtener beneficios personales accediendo a situaciones que el común de los ciudadanos tiene vedada, eso se llama privilegios, palabra cuyo origen remite a una especie de ley privada que sería casi la negación de la ley, dado que esta nunca puede tener nombre y apellido, de ahí el privilegio.

Repasando los últimos acontecimientos donde vemos como los viejos nuevos acomodos en nuestra ciudad (Juzgado Federal) precipitan a escena a los conocidos de siempre inaugurando no ya la escena propia sino las nuevas generaciones, casi como una casta de inmoralidad desinhibida que se trasmite de padres a hijos, me resulta que la palabra adecuada es Zángano, pero no es su definición animal sino en su mundano significado humano “Persona a la que no le gusta trabajar y que evita hacerlo siempre que puede”.

Al salir a escena los nombramientos “no por méritos” nos encontramos con apellidos conocidos que ratifican aquella expresión comercial de una conocida tarjeta de crédito que decía “pertenecer tiene sus privilegios”, así encontramos el hijo de un conocido letrado que transitó como asesor casi todos los pasillos de las intendencias de nuestro departamento y en ocasiones más de una vez, sin privarse tampoco de instituciones públicas formando un rentable negocio cuyo origen es el erario público, caja fácil donde nunca se gasta lo propio, hombre pequeño que no pudo resistir posicionar la descendencia preparados como siempre se vio para soportar el oprobio despedazando su falso glamour por una conveniencia dineraria.

El otro personaje no resiste análisis alguno, personaje menor eterno beneficiado de nombramientos ocultos resume la miseria de la política y define cabalmente a sus propias cercanías, montando con el actual nombramiento de su descendencia algo casi como una pyme familiar con el paracaídas siempre dispuesto.

En el medio de todo, las ilusiones de muchos jóvenes dispuestos a seguir el falso protocolo usados para dar cobertura a las miserias, rindieron, se esforzaron, imaginaron, soñaron y la realidad los apabullo, los humillo y lo peor de todo emitió un mensaje aterrador a las nuevas generaciones que cierra la puerta a cualquier futuro, “sean como nosotros”, en medio de una indiferencia social que termina avalando estas prácticas y validando el comportamiento de los zánganos que una y otra vez vuelve a repetirse.

Fue patético ver a un conocido diputado simulando bajar de un ovni como si desconociera la realidad, como si nunca se hubiera beneficiado de esas prácticas, como si nunca hubiera usado sus influencia para beneficiar zánganos, en los pasillos judiciales se lo conoce como un colocador serial de familiares y amigos en el poder judicial, el éxtasis de su simulación fue cuando amenazo judicialmente a una joven con examen aprobado que en su defensa menciono un familiar del diputado que no figura en la acordada, “ayude a mucha gente”, expresó el diputado, eufemismo con el que reconoció sus gestiones de acomodo.

Hegel decía que la historia se repite dos veces, a lo que Karl Marx agregó primero como tragedia y después como farsa, seguramente y conociendo los lectores se preguntaran a que viene este paso por la historia, lo que trato de escenificar es un hecho acontecido con estos mismos personajes referente a lo mismo que discutimos hoy para traer a colación que en esas circunstancia una diputada (supuestamente opositora) nos calificó de chismosos por revelar acomodos, casi como una intromisión en la vida privada, tres o cuatros meses después la farsa se repite, los acomodos salen nuevamente a la luz dejando en claro que la defensa anterior operó como protección para hechos futuros y que los discursos de transparencia y nueva política son solo un canto de sirena.

Para finalizar y tratar de cerrar con una expresión que resuma categóricamente estos hechos voy a recurrir a Martín Caparros quien supo utilizar una frase que nunca pude olvidar y que debería acompañarnos a la hora de las decisiones, el inefable Martín dijo “Cuando el deseo supera el asco, es imposible decir no”, lo que pasa y lo que observamos es indudablemente una asquerosidad superada.

COLUMNISTA:
MARIO O. ANDREANI

 

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