El Milagro Radical – Por Mario Andreani

El Milagro Radical – Por Mario Andreani

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La argentina desde el advenimiento del peronismo se tornó electoralmente como un país bipartidista, obviamente con una clara hegemonía del partido del general, de hecho en vida del tres veces presidente, la UCR en sus versiones del pueblo e intransigente solo arribó al poder con el peronismo proscripto.

El retorno de la democracia luego del golpe cívico militar de 1976, catapulto al poder a Raúl Alfonsín, quien se impuso a un peronismo que no supo renovarse y que aun arrastraba la imagen de Isabelita, de hecho Ítalo Luder candidato del PJ había firmado la orden de aniquilación de la subversión mientras ejercía temporalmente la presidencia en 1.975, este garantizaba a los genocidas la ley de autoanmistia militar, por el contrario Alfonsín, garantizaba a la sociedad el juicio a las juntas militares.

Después del gobierno de Alfonsín rápidamente pudo verse que la UCR sufría mucho más que su contracara para recuperarse de la pérdida del poder, de hecho el peronismo aún fuera del de la casa rosada siempre supo preservar un vasto poder territorial en las provincias, por el contrario las derrotas radicales tenían un efecto domino sobre sus comarcas.

Para ilustrar un poco lo antedicho, algunos datos son relevantes cuando Angeloz no pudo retener el poder en 1.989, en los comicios siguientes de 1.995 el candidato radical Horacio Massaccesi terminó tercero con solo el 17% de los votos, el retorno en 1.999 con una coalición con el Frepaso que posibilitó que Fernando de la Rúa se colocara la banda presidencial tuvo efectos posteriores lapidarios para el partido de Alem, la huida del poder en 2.001 puso inclusive hasta el día de hoy en riesgo la existencia del centenario partido, por lo menos como una opción de poder, veamos algunos números por demás elocuentes, el candidato radical en 2.003 fue el ahora kirchnerista Leopoldo Moreau y obtuvo el 2% de los votos, en los últimos comicios fue furgón de cola de un proyecto ideológicamente de derecha ( cabe recordar que la UCR, por lo menos internacionalmente pertenecía a la internacional socialista).

Muy por el contrario el partido justicialista siempre supo recuperar rápido el poder, ninguna debacle le duro más de un periodo, es una sigla asociada a la palabra gobernar.

Tartagal es una fotografía de ese escenario, de hecho por medio del voto la UCR nunca pudo gobernar la ciudad, la nuestra es una ciudad claramente peronista, la única derrota se la infringió un ex radical devenido candidato del PRS (partido cuya acta de nacimiento se verifica con la dictadura), con esa sola excepción, siempre sufragio de por medio nos ha gobernado el peronismo.

Pero por obra de las casualidades o causalidades hoy la UCR tiene reales posibilidades de ser gobierno (YA), a la vuelta de la esquina, en octubre próximo, el actual intendente luego del traspié televisivo donde expresó sin filtro que de darse su arribó a la cámara baja nacional pensaba conservar también su puesto de alcalde, tuvo que salir a aclarar por medio de su diario de cabecera, matutino cuyo slogan tranquilamente podría ser “dime cuanto pones y te diré quién eres” que de ser electo renunciará a la intendencia de Tartagal.

La dicotomía discursiva de Leavy tiene su origen en las estructuras casi feudales que se instalan en el interior de las provincias, la ley es solo un instrumento que se aplica a “aquellos”, nunca a quien gobierna y si aportan un buen caudal de votos son consentidas por los gobiernos provinciales que en muchas ocasiones administran un feudo mayor, el intendente decide sobre cualquier cargo del orden que sea, de hecho hasta el juez de paz de la ciudad es visado por el lord mayor, los amigos se constituyen en nuevos ricos pasando de la tarjeta TVF (trafico vecinal fronterizo) al pasaporte con sellos del caribe, recientemente una jueza en Tartagal negó un amparo de transparencia por información pública, el falló fue descalificado por la totalidad de los miembros de la corte de justicia salteña ( se teme más al poder que al papelón en Tartagal), la decisión judicial incomodo a Leavy pero pareció recordarle como dice León Gieco “en Buenos Aires los zapatos son modernos, pero no lucen como en la plaza de un pueblo”.

Como bien suele decirse una imagen explica lo que mil palabras no pueden, el intendente local es un floteador serial, actitud esta que refleja como los gobernantes ven lo público como propio, pero en Tartagal los límites superan el ridículo casi al punto de la comedia (nada divina por cierto), en nuestra ciudad no se salva ni el cementerio, lugar de responso y meditación si se quiere, en ese sitio se puede observar hasta qué punto el poder se convierte en sinónimo de autismo, en una imagen que se visualiza cuando uno arriba, Leavy se colocó por encima de Jesucristo (si como se lee y como se observa en la ilustración de esta editorial), imagen cuya antigüedad supera claramente un lustro y ello con el silencio cómodo de una iglesia que prefiere mirar al costado de todo, Jesús hecho los mercaderes del templo, ahora son protectores de la Virgen, las indulgencias son una fotografía reparadora de la escenografía social.

En este escenario al parecer el menos ideal de todo para un cambio, la afirmación de Leavy que renuncia a la intendencia de Tartagal si es electo, convierte los próximos comicios en una elección ejecutiva. Los tartagalenses en octubre elegiremos por vía indirecta intendente en Tartagal y el concejal más votada con todo derecho podrá pretender la presidencia del cuerpo y el arribó al sillón de la calle san Martín hasta diciembre del 2.019, descontando que nadie prestará atención a la carta orgánica que establece que si la ausencia fuera definitiva y faltare más de un año debe convocarse a elecciones en sesenta días.

En las recientes paso, la lista oficial que llevó al hermano de Leavy (sucesión familiar encubierta) aventajo a los radicales por solo 900 votos, un 2%, la capacidad que pueda mostrar la UCR para intentar polarizar la elección y convertirla en una especie de ballotage para contrarrestar el efecto aparato acrecentara sus chances de dar un verdadero batacazo, sin lugar a dudas muy difícil por cierto, deben decidir si son el espíritu de Alfonsín o solo una caricatura grotesca de un neoliberalismo mal disimulado en globos amarillos, sería un milagro radical, más allá que Leavy como se ve en nuestra ciudad esté por arriba de Jesucristo.

Donde esta Santiago Maldonado?
Donde esta Daniel Solano?
Gritos que nunca deberían acallarse.

POR MARIO ANDREANI
COLUMNISTA

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