El Merito – Por Mario Andreani

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En los últimos años uno pudo observar como en nombre de la promocionada grieta se anulan debates sociales que como sociedad nos debemos, cada vez que un tema se pone de manera intencionada o casual sobre la mesa, de un sector y del otro lo arrastran al espacio de la polémica vacía decorado con insultos y descalificaciones, una competencia donde el mérito parece pasar por quien utiliza mejor los exabruptos, ecuación que siempre arroja como resultado cero, cada cual se marcha con lo suyo sin nunca haber mínimamente escuchado al otro.

El presidente Fernández no exento de las circunstancias mencionadas lo introdujo con un sesgo pretendidamente ideológico (discurso de barricada) al afirmar que un país no se explica o construye desde el mérito, obviamente la oposición no tardó en dejar en evidencias sus similitudes con King Kong, para con un sesgo clasista (pretendidamente superior) exponer su visión maniquea, de un lado los vagos que viven del estado al cual solo le interesa el clientelismo y del otro la supuesta patria blanca que sostiene al país, cuando la realidad indica que todos en su gran mayoría defienden sus intereses con las mismas armas, o no es lo mismo marchar por un plan que el servilismo abyecto de un funcionario hacía el jefe, o las editoriales de los grandes columnistas acompasadas al ritmo del poder económico.

Pero vamos al tema que de eso se trata, pretender en un país tan desigual como injusto que el valor de la medida sea el mérito es claramente un abuso de posición dominante, es de ventajero cuando el punto de partida es tan disímil, en la Argentina hay privilegio de cuna y una realidad que condena un porcentaje altísimo de compatriotas casi desde el vientre materno, con un estado que se aleja cada día más de su verdadero sentido que es establecer pautas mínimamente igualitarias que impulsen una olvidada movilidad social.

Tiene razón el presidente cuando dice que el mérito no nos va a dar la identidad como sociedad o país, si solo en ello vislumbramos la ascendencia social lo único que vamos a lograr es un país clasista con asimetrías insalvables capaces de desmembrar cualquier pretensión de sociedad, sin ideario común y muchos menos un proyecto unificado.

Pero el tema pasa por los dichos y obviamente por los hechos, si todo se explicara en función de los discursos Argentina sería una potencia, históricamente se dice una cosa y se hace otra, si no es el mérito la variable de medición, la pregunta es, cual es hoy en día ?, la verdad no quiero ejercer de maestro ciruela pero miro y solo encuentro el acomodo, los mejores lugares se lo reservan aquellos que transitan las cercanías con el poder, no hay una discriminación positiva que permita que aquellos que vienen de una realidad difícil ocupen lugares inclusive cuando otros quizás mejores calificados también lo aspiren, sucede todo lo contrario, muchas veces el mérito que viene desde abajo tiene que ceder lugar al desmerito de quien solo exhibe en su curriculum el hecho de ser el hijo o el sobrino o el ahijado de, viene a mi memoria cuando los puestos apetecibles en el poder judicial se lo adjudicaron a la hija de un periodista que practica el paracaidismo y al hijo de un abogado que se nunca se cansa de rapiñar de los estados municipales, sin concurso y obviamente sin méritos desplazando los sueños de muchos jóvenes esmerados desde el sacrificio.

Por ello es que plantear debates desde la óptica del aplauso fácil (para la gilada) como habitualmente se dice no tiene mérito alguno, discutir como refundamos la base social no solo es necesario hasta se torna imprescindible y urgente, no podemos agigantar la dualidad entre una sociedad conformista y otra de pretensiones clasista, un país se explica desde la identidad común, desde la inclusión y esa es la función de la política, homogenizar la sociedad y ser parte de ella no mirarla desde un lugar de privilegio.

Es necesario entender que igualdad no es darles a todos lo mismo, igualdad no es tratar a todos por igual en un escenario de desiguales, la verdadera utopía social es aquella que alimenta los sueños que rompen el statu quo conservador, como dice Serrat “sin utopías la vida solo sería un ensayo para la muerte”.

Es una lástima que se desperdicie la oportunidad de un debate perentorio, quizás nos hubiera permitido entender que una sociedad no se construye solamente desde el mérito y también dejar claro que es imposible hacerla desde el desmerito.

Mario Oscar Andreani

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